Dengue: historias no contadas
Los niños bajan la cuesta casi corriendo,saltando obstáculos de lodo y piedra. Van felices con sus mochilas al hombro y su bote con agua. Todos forman parte de la categoría pre mosco, U-12, de los equipos federados Honduras y Express Arte, de la liga de fútbol “José H. Andrade”.
Atrás caminan sus padres que ven en el fútbol una opción sana de recrearse, de mantenerlos apartados de los vicios.
El trayecto es de unos veinte minutos. De pronto, llegan a la cancha número tres del “Proyecto Gol” de la Fenafuth, un programa financiado por la Fifa que en Honduras tardó un mundo para iniciar por la despiadada corrupción, según dicen en los corrillos deportivos.
Los entusiasmados niños se visten, calientan, reciben las recomendaciones de sus entrenadores y entran raudamente a la cancha para comenzar el partido oficial.
Un sentimiento de angustia y preocupación se apodera de ellos cuando, antes de dar el pitazo inicial, el entrenador de Express Arte le pide al árbitro guardar un minuto de silencio porque uno de sus jugadores acababa de fallecer de dengue. ¿Cómo?, ¿qué pasó?, se preguntaron en silencio los niños, con su mirada al cielo.
Había fallecido un compañero. La mortal enferemedad se lo llevó en cuestión de una semana porque hacía apenas ocho días habían jugado juntos. Así son las cosas en este país donde campea la indiferencia, la falta de solidaridad y la irresponsabilidad de las autoridades, porque el dengue es un enfermedad que se puede prevenir. Hoy, el joven futbolista, junto a medio centenar de hondureños más, yacen bajo la fosa oscura de la muerte.
¿Cómo es posible que el dengue, una enfermedad prevenible, pueda truncar de la noche a la mañana una vida llena de ilusiones, de esperanza, de sueños?
¿Por qué en los países vecinos esta mortal enfermedad no está haciendo los estragos como en Honduras?. ¿Qué es lo que ha pasado?.
La razón es bien sencilla. No hemos tenido autoridades que se hayan preocupado por su población, esa que utilizan cada cuatro año para legalizar con su voto el ascenso al poder.
Los médicos dicen que en el segundo semestre del año pasado debieron tomarse las precauciones del caso, pero esto no ocurrió. Tal parece que Micheletti llegó a otra cosa menos a gobernar.
A esto hay que sumarle la prolongada sequía que vivimos los capitalinos. Cuando las lluvias vinieron, la gente- tomando las precauciones- (no para prevenir el dengue), almacenó agua, y esto provocó parte de los criaderos de zancudo, tragedia que hoy estamos lamentando.
La población permanece en su casa y camina por la calle bajo un ambiente de zozobra temerosa de que la pique un zancudo o la mate un ladrón.
Rueda y la Selección
La mayor parte de las selecciones que clasificaron al mundial ya cambiaron su entrenador, otras lo harán y algunas seguramente los ratificarán.
En Honduras se ha generado un gran revuelo a nivel de prensa deportiva, dirigentes, autoridades deportivas y aficionados por la continuidad o no de Reynaldo Rueda, un entrenador a quien se le han sobredimensionado sus méritos, si bien es cierto nos llevó al mundial.
Aquí tenemos un problema: Por un simple resultado positivo de un equipo o una selección, o por una buena tarde de un jugador, los endiosamos, los adulamos y los elevamos a niveles que colindan con el fetichismo. O, por el contrario, por el más mínimo error, por un desagradable e inoportuno resultado, los ridiculizamos, los criticamos aviesamente. Parece que quienes analizan el fútbol actúan con el corazón motivado por la pasión, que se mueve según como le fue en la fiesta.
Rueda es un buen entrenador, serio, responsable y aparentemente muy estricto en el orden disciplinario aunque este último mérito lo pongo en duda en el último partido del mundial cuando un jugador, Víctor Bernárdez, lo cuestionó públicamente y aún así lo puso a jugar. Esto no ocurrió cuando castigó a Julio César León por declaraciones similares en plena eliminatoria.
Rueda no fue capaz de ganar un partido eliminatorio fuera de casa, aparte del triunfo contra una ya descalificada y eliminada selección salvadoreña. Fue muy cobarde en los planteamientos de visita y en los dos primeros partidos del mundial. A esto hay que sumarle los anticuerpos que ya tiene en el mismo plantel y en parte de la crónica deportiva que en el pasado se dio el lujo de contribuir negativamente en la descalificación de Honduras a un mundial cuando criticó despiadadamente el sueldo de un cotizado entrenador europeo.
No me gustó que Rueda haya permitido, a influencias de sabe quién, que un equipo de fútbol de Honduras haya mandado a sus jugadores juveniles a Alemania a servir de rival a la Selección, previo al mundial. Si la intención era foguear a jugadores hondureños ¿por qué no se mandó a una selección que llevara a jugadores de todos los equipos?.
Tampoco se vio correcto, y justo a la vez, que Rueda marginara del listado definitivo al defensa central del Marathón, Eric Norales, que estuvo toda la eliminatoria, por llevar al defensa Palacios, del Olimpia, que apenas estuvo en el último partido oficial.
Si Rueda se va, no importa. Hay que traer otro cotizado, pero pronto, que no venga a improvisar presionado por el tiempo. Nombrar un interino sería el primer error.
La historia de Moisés
Moisés se levanta todos los días con la ilusión de encontrar un trabajo que le permita seguir
sus estudios universitarios. Siempre porta un libro porque no puede estar sentado o parado
esperando que lo atiendan en una oficina sin aprovechar el tiempo para leer. Es un apasionado
de la lectura.
A veces se despacha hasta un libro diario y ya estudió todo lo relacionado con la historia
universal y las biografías de los hombres más ilustres. Pero no crean que Moisés tiene dinero
para comprar libros.
Es parte del Club de Lectura de la Bibioleteca Pública Modelo Municipal que tiene como norma
confiar a sus socios los libros bajo la condición de que “libro leído, libro traído”. A veces
moisés se aburre de buscar infructosamente trabajo y se interna en la biblioteca donde pasa
inadvertido, sólo descubierto por la noche cuando los empleados apagan la luz para abandonar
sus labores.
Cuenta Moisés que una noche- cuando dormía en su casa- se levantó azorado, asustado porque
tenía pesadillas. Su ebuela lo pasó a dormir con ella. Al día siguiente lo increpó: “Vos pasás
soñando de tanto leer. ¡Ya te voy a quitar ese vicio!”. A partir de ahí Moisés lee a escondidas
de su abuela.
Mientras este infortundado joven anhela una oportunidad de trabajo para costearse sus estudios,
hay quienes- gracias a las influencias políticas- consiguen emplear a toda su parentela y
amigos. Esta es la realidad de Honduras.
Aproximdamente un millón de hondureños están desempleados y quienes consiguen uno es temporal,
sólo para agenciarse de unos centavos para medio subsistir.
En todas las campañas política la promesa de empleo es la comidilla del día. Los políticos
ofrecen el sol y la tierra a cambio del voto pero a la hora de disfrutar del poder sólo se
acuerdan de ellos, de sus más cercanos colaboradores y de sus parientes.
Los sucesos del 28 de junio deben generar una refelxión permamente. Ojalá no lo hagan tarde.
Transparencia
Yo no creo que en plena crisis los políticos estén en condiciones de fraguar un fraude electoral. ¿Cómo quedaría el país internacionalmente?. Y en el plano nacional ¿quedarán contentos los que pierdan?
Yo, que cubro el Tribunal Supremo Electoral, he sido testigo del trabajo que este organismo está desarrollando en procura de celebrar elecciones transparentes. Las “más limpias de la historia”, dicen los funcionarios electorales.
Lo que sí no me ha gustado es que prometieron entregar las creedenciales para represenantantes de mesas ya con el nombre de la persona capacitada y no sé qué causas hubo para que no lo hicieran.
La Transmisión de Resultados Electorales Preliminares, Trep, está coordinada por un peruano que trabajó para la OEA, David Santa María.
Los nacionalistas tienen temor de que en la digitalización de los datos puede ocurrir algo anormal. Si bien es cierto que los magistrados del TSE en la teoría no son políticos, no creo que el magistrado David Matamoros, ex diputado nacionalista, vaya a permitir que se produzca un fraude electoral.
Ya se imaginan a un Lobo Sosa, el candidato nacionalista, en las calles, reclamando y rechazando los resultados electorales. Esto se vendría a sumar a la crisis política que de por sí ya nos tiene hartos a los hondureños.
Que gane el mejor, el de las mejores propuestas, el que los hondureños consideren el más indicado para hacer un gobierno justo, equitativo, responsable, social y soberano.
La guerra civil de 1924, originada por las tretas de los políticos, ha sido de la más sangrienta de la historia política hondureña. Concurrieron a las urnas el nacionalista Tiiburcio Carías Andino y los liberales Policarpo Bonilla y Juan Angel Arias. Fueron ganadas por Carías y como no hubo mayoría absoluta tocaba al Congreso, dirigido por los liberales, decidir quién era el ganador. No lo hizo y se desató una cruenta guerra que dejó miles de muertos.
La crisis
La mayor parte de los hondureños ya estamos hastiados de esta crisis política que no termina. Y digo la mayoría porque de repente habrá algunos que la disfrutan, ganan y aspiran a que no concluya.
Hay quienes son felices viendo al depuesto presidente Zelaya encerrado en una casa rodeado de militares. A otros les causa resquemor el sólo hecho de ver a Micheletti hablando desde Casa de Gobierno, disfrutando del poder. En las calles los hondureños, todos en general, no andamos tranquilos, expuestos a la inseguridad creciente, al congestionamiento provocado por las protestas, a la angustia derivada de la falta de empleo, a los quebrantos agravados de salud originados por la falta de espacios en los hospitales públicos, a la tristeza que nos embarga por no ver un horizonte claro que nos conduza a una solución de esta crisis.
Los políticos desarrollan una campaña jamás vista, sin entusiasmo, sin bullicios. No parece que estamos a semanas del octavo proceso electoral consecutivo y el noveno desde la Constituyente de 1980.
¿Cuándo terminará la crisis?. Hay quienes dicen que ya terminó con la firma del Acuerdo de Tegucigalpa. Este fue apenas el primer paso relativamente serio para concluirla.
¿Cuándo se reúne el Congreso?. Debería hacerlo lo más pronto posible para si procede o no la restitución de Zelaya. Cualquiera que fuera la decisión probablemente terminaría con la crisis porque las partes se comprometen a respetarla. Da la impresión de que los políticos no les interesa el bienestar el pueblo, un pueblo harto de injusticias, que merece mejor suerte.
La política en Honduras.
La clase política en Honduras ha venido perdiendo credibilidad en las últimas décadas. A partir de 1980, cuando se produjo el ansiado retorno constiucional- tras casi 20 años de regímenes militares- una aureola de expectativas llenó la mente de los hondureños.
Las promesas de campaña llenaron de esperanzas al pueblo que se volcó a las urnas para elegir al primer presidente constitucional de la era. Había mucho entusiasmo. El abstencionismo fue apenas del 18 por ciento.
Cuatro años después el mismo pueblo despedía con silbatinas y abucheos al presidente Suazo Córdova. Vino el gobierno de Azcona y la situación no mejoró.
Esto dio lugar para que apareciera otro candidato, el nacionalista Rafael Callejas, quien promovió en su campaña la bandera del verdadero “cambio” que al final no lo fue. Sus medidas económicos hicieron más potentados a los ricos y los pobres sufrieron aún más. El pueblo se veía más frustrado y los políticos cada vez perdiendo credibilidad.
Pasó la década de los noventa y estamos por teminar la primera del nuevo siglo y la pobreza, lejos de bajar, ha aumentado. El promedio de escolaridad no ha pasado del 4.5 por ciento. Los niveles de cobertura de la educación preescolar, secundaria y universitaria, siguen en crisis.
Pareciera que a los políticos no les interesa la educación de los hondureños.
¿Y la salud?, igual. Sólo es de ir a los hospitales públicos para constatar lo pésimo de este servicio que va desde el acceso mismo hasta la escasez de medicamentos. El resto de problemas sociales: falta de una vivienda digna, de un empleo justo para subsistir (lo que ha generado una emigración masiva), de electrificación rural y la inseguridad ciudadana, siguen caracaterizando los principales problemas sociales de Honduras.
Y ¿quiénes son los principales responsables de este destino?, Pues los políticos- nacionalistas y liberales- que se han turnado el poder. De haber habido una voluntad política para buscar una solución a estos problemas, estaríamos en mejores condiciones. Por el contrario, los políticos han sido protagonistas de grandes escándalos de corrupción, de contrabando, de evasión fiscal, de robos descarados. No han habido correctivos nicastigos.
Por eso han ido perdiendo credibilidad. Y a esto hay que sumar los efectos que ha provocado en la población el golpe de Estado o “sucesión presidencial” del 28 de junio.
Lo que sí está claro es que los políticos deben cambiar su discurso y su comportamiento cuando están en el poder. Por suerte, y para bien del país, muchos reconocen que son los culpables de este atraso y que debendeben mejorar. Esperaremos.
